Acabo de correr por el parque de Vallparadís, hacía buen tiempo, un poco nublado quizás. Cruzo la misma calle de siempre, cuando empiezo a oír sirenas. Unos cincuenta metros más adelante, veo a un niño tirado sobre la acera, y junto a él un monopatín. El ruido ensordecedor de la policía local se confunde con el que intuyo proviene de la ambulancia.
Un policía nos pregunta si alguno de nosotros ha visto el atropello. Alguno se acerca y afirma. Yo sigo caminando, con el alma encogida, pidiendo a quien pueda escucharme que todo salga bien.
Llego a casa. Me meto en la ducha con un sentimiento ambiguo, deseando que el agua que ahora recorre mi cuerpo, limpie de verdad todo aquello que ensucia lo bello de la vida.
Y sí, ya sé, que el dolor es inherente e innato a nuestra existencia. Pero a veces pesa demasiado.
Oniromancia
-
- ¿Por qué te empeñas en querer ser ciego?
- Para desconocer el color del miedo.
Hace 10 años
